P.D.- Yo, que me creo el gubernamental más perseguido de España y Portugal, tan injustamente, y que tanto sufrí, casi siempre con gran entereza, perdono a todos esos desgraciados que tantos crímenes cometieron con la palabra de Cristo en los labios. Cristo no manda matar y mucho menos a inocentes. Creo que lo han hecho por cobardía, pues también yo he sacado en consecuencia entre el grupo de mis hombre, que me adoraban, que los más cobardes eran también los más asesinos.
Yo siempre les aconsejé que no mataran cobardemente a nadie, que no robaran, que pidieran a los más ricos. Cuando tan injustamente predieron a mi compañera (una de las tres veces que lo hicieron) habíamos acordado
Ello demuestra que no es de extrañar que muchos compañeros del lugar, allí donde hubo lucha, cuando les mataron a sus seres más queridos (pues los primeros en hacerlo fueron los sublevados, según un plan convenido) se volviesen verdaderas fieras, como así fue. Esto me reafirma en el caballo de batalla de toda mi vida: que mientras no exista la justicia social no puede haber orden, pues esto saca de quicio al ser más bueno.
Fragmento de "Memoria dun fuxido". Victor F. Freixanes. Ed. Xerais de Galicia. SA.