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1 de febrero de 2011

El espejo



El mundo se acaba en una hora, cuando doblas la esquina y el aire frío detiene el curso apenas intuido de la no-consciencia. El mundo se acabó ya muchas veces, de forma irremediable, definitiva, para otros que no son tú ni pueden serlo. Quizás se acabó para ti antes de saber que estabas en el mundo, aquel día que tan conscientemente reconociste que el muro que tenías delante era infranqueable por la sencilla razón de que no tenías fuerzas para saltar al otro lado. Y muchas menos para saber lo que había al otro lado, lejos de la confortable cotidianeidad de tu celda conocida, tu isla fortaleza, tu prisión protectora.

Y pasó el fin del mundo y volviste a la vida un día en que las horas pasaban inocuamente ante las inmóviles cortines de una ventana por la que se colaba un horizonte grabado en una zona concreta y precisa del cerebro, un óleo familiar cononado por el monte de las tres victorias. Reposaron las horas lentamente, mientras los recuerdos se abrazaban y se miraban a los ojos como los viejos prisioneros que ven la libertad cuando ya es más un riesgo que una liberación. La mayoría murieron despúes del abrazo, cuando el aire movió tímidamente el aura pesado de la inmovilidad, la textura más liviana del pensamiento, y la mirada descubrió en la cima del monte la clave del asombro. No todo ha terminado. ¿Habrá más de una vida? Quizás, pero aquí mismo.

Es aquí, entre esta confusión infinita, donde hemos de celebrar lo poco que tenemos. Después de conocer que apenas somos nada. Suspiros acodados en los mostradores de los bares mientras Saturno surca la tiniebla a una velocidad incomprensible dentro de un universo que no nos presta ni la más mínima atención. El caucho arrastra la huella pegajosa de los restos de cerveza y al mismo tiempo el gas libra batallas gigantescas en la entraña de Júpiter. O acaso en otro tiempo que no es nuestro y nada importa. Tendríamos un ataque invencible de pánico si fuéramos conscientes del aterrador tamaño de la tiniebla que nos envuelva por todas partes. Ahí afuera y aquí, dentro de ese otro universo que nos resulta aún más desconocido. Más extraño y más cerca. El agujero negro del espejo.


17 de octubre de 2010

Flor





Te regalo una flor diminuta, del color de la paja y del sol, perdida entre otras muchas como ella, y sin embargo luminosa, diáfana, irrepetible.
Te la regalo porque es hermosa en su insignificancia, tan poca cosa que no hay con qué pagarla. 
Te la doy para que recuerdes que siempre hay muchas a tu alrededor, y poco importa si nos fijamos o no en su humilde apariencia de cosa-que-no-sirve.
Te prometo que vale tanto como el complejo mundo que un día levantamos y ahora se nos escapa  entre los sueños y la hojarasca de los días.
Te aseguro que esa pequeña flor es todo lo que en realidad tenemos.
Y es mejor que me creas.

22 de junio de 2010

Caos


Una tela de rafia, tupida y opaca, con una vena de un color más alegre. Algo simplemente útil para transportar grano, sirviendo de fondo a una escena siempre visible pero nunca contemplada.

Una trama metálica que ha creado una costra de óxido de hierro al contacto con la lluvia. Extraña criatura nacida sin querer de dos padres involuntarios.

Los restos moribundos de un vegetal ya reseco, convertido en invitado a una reunión extraña, poco natural, contra-natura, como diría un padre de la iglesia. Un árbol seco. Un fracasado.

Quizás el perfecto retrato del caos rutinario y habitual.

Del sin-sentido.

6 de abril de 2010

Inexplicable


Parado en medio de un mundo pequeñito
mi pregunto si servirá de algo
esta inmovilidad o su contrario


Si los pasos me llevan a algún sitio
o los latidos son el único camino


Si crecen en el alma raíces de otros mundos
o todos los recuerdos se quedan en la piel


Si al amar nos amamos
o sólo practicamos preguntas sin respuesta


Como una flor que crece en medio del asfalto
liviana, hermosa, sí
pero también inexplicable.

14 de diciembre de 2009

Doña



Un día me tomarán por loco. Y no me importará porque no sé si acabo de reconocer eso que llaman cordura. De hecho espero que lo que tengo de chalao sea más importante y hasta el momento así se ha revelado. Es lo que hace que me nazcan las sonrisas. También lo que me permite ver algó más allá de la pituitaria. Es muy de agradecer.

Permanecer cuatro o cinco minutos, o seis o siete, encaramado en lo anto de un poste acechando a un pacífico bicho ayuda a que te tomen por chalao. Y el pacífico bicho debe pensar algo parecido porque le asoma una expresión burlona nada disimulada. Este tio está como una regadera. Sí, doña, pero usted no se me escapa. Hay que ver lo raro que son estos humanos. Lo que usted diga, pero siga avanzando porfis. Tranquilamente, no hay prisa.

Un eco de pasos a la espalda. Inmovilidad total. Se alejan. Aparece un insecto deambulando estúpidamente por los alrededores de la grieta donde se oculta el saurio. A dónde vas, alma cándida... Confirmado: las lagartijas comen insectos. No los degustan. Se los tragan y luego se relamen concienzudamente, lascivamente casi. Y se quedan tan contentas que se olvidan del humano que acecha en el exterior. Clic. (metallic ;)). Te pillé.

No es fácil captar toda esa hermosa perfección de la piel con el macro porque la profundidad de campo es mínima y el menor movimiento arruina la toma irremediablemente. Pero ha habido suerte. Se la ve espléndida, hermosa. El resultado de millones de años de evolución a unos centímetros, perfecto, complejo, lleno de matices, inimitable.

Muchas gracias, doña. Y buen provecho.

11 de diciembre de 2009

Sueños


Lémbra-me um sonho lindo, quase acabado
lembra-me un ceo aberto, outro fechado
estála-me a veia em sangue estrangulada
estoira no peito un grito á desfilada...

Fausto Bordalo Dias


10 de diciembre de 2009

Inocencia



La
inocencia
puede
resultar
verdaderamente
escalofriante.

9 de noviembre de 2009

Fuente


No hay quien me quite de la cabeza que las cámaras, a veces, tienen vida propia.
Uno había visto esto, en su momento.
Pero aquel "esto" tiene poco que ver con este "esto".
No sé si me explico...
Es como cuando vas por la vida pensando que ves lo que te interesa y en realidad sólo percibes las cosas secundarias. Ahora creo que se me ha entendido. ;)

22 de septiembre de 2009

Círculos


Hacerle una foto a alguien que hace una foto es como escribir una carta a alguien que escribe una carta.
Alimentar un círculo que quizás debería cerrarse para hallar una respuesta.
Quizás será por eso que no hallamos respuestas.
O puede que todo lo que hacemos sean preguntas.

4 de agosto de 2009

Sol



Una estrella con la que me une una relación puramente masoca. Ella me quema y yo se lo agradezco. Mi piel también, hay que decirlo. Si no vengo por aquí en dos o tres semanillas será en buena parte por su culpa, pero es improbable.

Cúidense! Se les quiere!

4 de junio de 2009

Amapolas


¿Y por qué habría de ser todo perfecto...?

18 de mayo de 2009

Recursos


"Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria."


Groucho Marx.

29 de abril de 2009

Amenaza

Una foto es una foto y sus circunstancias. Lo dice uno que entiende poco de fotos pero bastante de circunstancias.
A veces son buenas (eso es cosa de gente muy escogida), otras salen bien, y a veces salen como les da la gana. Lo cual no quita para que tengan su aquel.
Puede que sea la propia circunstancia la que origina el milagro. En este ocasión una larga persecución en el tiempo. El bicho estaba como entusiasmado, así que me dije "esta es la tuya".
Me equivoqué. Estaba tan entusiasmado que me trajo dando vueltas a la mata de espliego unos veinte minutos.
Así que, al final, salió por cansancio. Como le dio la gana. Pero tiene su aquel. O eso creo.

7 de abril de 2009

Invierno



Hubo un tiempo de arroz, lágrima y vino
de relojes parados en la aurora
Hubo un alud de pétalospalabras
un retumbar de vientos en las manos
Una noche de besos que se murieron nunca
y un siempre que murió a las poquitas horas
Luego vino un invierno de rama enmarañada
Y aún así sigo aquí, sumando el tiempo
.

24 de noviembre de 2008

Castiñeiros

Tres vigorosos ejemplares localizados en el mismo lugar donde las antiguas minas de oro de los romanos reciben miles de visitas al año: Las Médulas.
En realidad las minas apenas consiguen distraer la atención del conjunto de estos formidables vigías, longevos como es difícil de imaginar y capaces de sobrevivir a casi cualquier cosa, acaso con la excepción del fuego que tanto daño les ha hecho.
Huelga decir que pasear entre estas bellezas tiene un aquel de magia difícil de explicar y mucho más comprensible una vez se ha pasado por tan agradable experiencia.

13 de octubre de 2008

Lo tengo todo

No necesito el rumor aparente y vano del tesoro que tantos buscan con tanto tesón, casi furiosamente. Quizás con irme conociendo me baste para llegar feliz al puerto de mis días. No sé por qué se me ha concedido el privilegio de entender que el insignificante brillo de la hierba da calor y paz. Y es suficiente.

Me basta con sentir el frío de estas gotas menudas en la cara y conjurarlo con un gesto de las manos y agradecer después tener dos ojos para presenciar esto tan grande y al tiempo tan poca cosa. Agradecerlo a ningún dios, sino al cálido azar del tiempo, que no requiere de esfuerzos ni planes ni necesita de ningún tipo de protección.

Tan sólo estar aquí y ahora, acompañado del rumor fugaz de los coches que llegan y se alejan sin prestar atención. Y olvidar el paso de las horas mientras las nubes hacen camino incansables, prestándole al día un aroma de luces estremecidas, huidizas, siempre sorprendentes.

Y al entrar en el coche atender a tu voz compañera, protestar para romper el insoportable tufillo de la unanimidad, sortear con sonrisas algún reproche que ya se ha hecho familiar y luego mirarte y sentir que no se necesita nada más para entender el mundo que un poco de paciencia.

Y mirarte otra vez. Mirarte sin descansos, sin café de las doce, sin tentempiés, sin churros, mirarte hasta mañana. Cuando por fin te fijas, te nace una sonrisa iluminada de verde ecuatorial.

Y ya lo tengo todo.

30 de septiembre de 2008

Un recuerdo

Se diría que esta lámpara ha sido testigo de nada. Apenas unas presencias en un bar modesto de algún pueblo de la Galicia interior, un día cualquiera cuando el calor es una promesa en la mañana y aún soportable cuando el sol ha llegado a lo más alto. Ha entrado una pareja y ha pedido de comer. Después un grupo de jóvenes.

Ellos han alzado la voz sin contemplaciones, han reído y hablado lo suficiente como para prohibir durante unas horas el silencio. La pareja ha conversado en voz baja, repasado con la vista las maderas recias y oscuras y observado con un asomo de censura en la mirada las demostraciones de una de las jóvenes, mientras ésta golpeaba la mesa con las manos haciendo patentes los efectos del alcohol.

Ha cesado repentinamente en sus demostraciones. De hecho ha permanecido en silencio hasta que han abandonado el comedor. Apenas se ha permitido un escueto "disculpen" cuando ha pasado al lado de la pareja. Una rubia bien vestida y de voz chillona que se ha incorporado al grupo más tarde ha acaparado de forma definitiva el espacio que ella ocupaba hasta ese momento. Una reina destronada cuya historia no conoceremos.

La pareja ha abandonado el local poco después. Han estado un rato esparciendo los ecos de su conversación en voz baja. Parecían disfrutar de una felicidad humilde, basada en las miradas, las sonrisas y el tacto de las manos, que han concretado en más de una ocasión. El reducido recinto ha agradecido la restauración del silencio de sus voces bajas y reposadas.

Nada de eso quedará aquí. Pero yo, el tipo de la cámara, he decidido quedarme con un recuerdo. E interpretado como una señal el hecho de que esta lámpara está justo a la altura de la vista. Rodeada de tonos imprevistos y accesible como una cereza en un camino absolutamente abandonado.

24 de septiembre de 2008

Magnitudes



Quizás podríamos ver el mundo, las cosas, en magnitudes diferentes.
Quizás.

Podríamos pensar que el enorme Júpiter puede ser contemplado como un simple átomo si nos alejamos los suficiente. Puede que esas partículas que desde aquí consideramos insignificantes encierren otro universo.
Infinito, inacabable.
No sé si incomprensible.

Esto que ahora vemos forma parte de otra cosa, pero no debe revelarse. Porque lo mataríamos al diluirlo en esa otra presencia. Puede que incluso fuéramos incapaces de verlo.

30 de agosto de 2008

Escaparate

Lo mejor de algunas fotos es que aparecen solas, sin necesidad de buscarlas.
Se te quedan mirando como descaradas y sin dar la más mínima explicación.
Uno después la busca y puestos a encontrar, encuentra, pero no sé si siempre es necesario.
Ahora mismo, creo que no.

16 de julio de 2008

Fragilidad



Quizás es esto lo que necesitamos. Un sol amable y cientos de miles de pequeñas vidas vegetales alrededor, acogedoras, incondicionales, calladas pero siempre presentes. Como un aviso de que somos grandes y quizás poderosos, pero terriblemente vulnerables. Otra cosa es que el aviso sirva de algo.