27 de enero de 2010

Desierto



Se le perdió la sonrisa al girar la esquina, como si el estado de ánimo dependiera de cosas tan efímeras como una racha de aire frío. Internándose con paso lento en el mercado, fue registrando las voces, los ruidos, los olores, las luces que entraban desde la altura translúcida de la cubierta y el hedor de los restos del pescado.



Un tipo fornido y sin afeitar aspiró el humo del cigarrillo, lo colocó en la catapulta que formó con los dedos medio y pulgar y luego lo estrelló ante sus pies. Lo vio alejarse sin mirar atrás, con las manos sujetando la caja de pescado sobre las amplias espaldas, atento a las bromas de los que se cruzaban con él. Parecía conocer a toda la gente que inundaba el mercado.



A ese sí que lo quieren, se dijo. Después aspiró despacio lo que quedaba de su cigarrillo y dejó que se le escurriera entre los dedos, contemplando su caída por el abismo que mediaba entre el guante y el piso. Aterrizó sobre el cemento húmedo y dividido en pequeños cuadraditos, al lado de una cáscara de plátano.



No importa si te gusta o no. En cualquier caso, pensó, la vida requiere de algo más de energía.

5 comentarios:

Arturo Herrera dijo...

Devuelvo la visita, amigo, y dejo parabienes y saludos de todas las fechas...
Un abrazo

MGJuárez dijo...

No sé si es tanto así, Xocas. "Vemos" aquello que anhelamos. Y normalmente ocurre que la gente demuestra su simpatia o antipatia, cuando hay algún expectador, nadie quiere dejar de estar, ser alguien anónimo.

Quiero creer que no, que no siempre es así, que la felicidad insultante no es tal y que verdaderamente se regalan sonrisas.

Así, que ahora te regalo la mía más sincera.

Abraçades,
Montse.

Isabel Martínez dijo...

También veo aquí buenas letras, así que te enlazo. Te leeré despacio.
Un saludo muy cordial.

bambu222 dijo...

Estupendo relato,en tan poco espacio,una buena descripción de escenas del mercado,tan familiares y la sospecha de que quizá la felicidad de algunos se resuma en lo que ocurre día a día sin más pretensiones,Abrazo.

Rosg dijo...

Probablemente recibimos lo que vamos dando, aunque no siempre es así; si sonreímos nos sonrien y si somos solícitos despertaremos la solicitud ajena. Pero no somos todos iguales y a algunos se les hace dificil comunicarse con los demás, sin que éso signifique que no atesoren un mundo interior lleno de ternura escondida.

Mi comentario es para tí, si lo has leído es suficiente. Aunque fastidia un poco eso de bloquearlo al principio.