19 de febrero de 2013

Miserias



Tenemos miedo. Miramos para otro lado porque tenemos miedo. ¿De qué tenemos miedo? De lo que le pasa a toda esa gente que dejamos de ver cuando miramos para otro lado. Vivimos y escapamos al tiempo que vivimos.

Yo eso no lo quiero para mis hijos, decimos. Y los hijos de los que recurren a la basura en la nueva Grecia (la cuna de la democracia) quedan fuera del paisaje, como desenfocados. Una pura neblina "inevitable" que da una cierta atmósfera a la foto.

Y bien, ¿qué puede pasar? ¿Que tengamos que comer maiz en un plato sucio y no haya más vacaciones en las Bahamas? ¿Es lo peor que podría pasar? Pues no.

El problema es que pensamos QUE SÍ.

A lo mejor ocurre que lo peor que podría pasar es lo mejor que podría pasar. Cosas más raras se han visto.

23 de enero de 2013

De Iuventute (Sueño romántico)



Ella decía que era libre y que atarla suponía matarla. Lo decía muy seria y a veces hasta se le llenaban los ojos de lágrimas cuando hacía ese tipo de declaraciones.

Él le miraba los ojitos tiernos y se deshacía por dentro con un pan duro en medio de un aguacero. Un día lo amaba como si fuera la encarnación misma de un amor exclusivo y absolutamente falto de medida. Y después aparecía colgada del cuello de unos y otros.

No le pedía explicaciones, porque no había mentira en lo que hacía. Pero eso no evitaba el daño, el dolor lacerante de saberla de otro, o, aún peor, de otros. Los otros tenían la expresión cínica y desabrida y, al contrario que ella, mentían cada día. Y hablaban. Hablaban mucho.

Un día la encontró sentada en aquel banco, en medio de la nada. Estaba estrañamente quieta, muy seria, con la vista detenida en algún punto del horizonte desde el que recorría las montañas lejanas. Parecía ausente, pero no lo estaba.

Estuvieron largo rato callados, hasta que por fin se levantó con gesto fatigado y le dijo muy bajito:

- Sufres porque quieres.

Y él replicó:

- Exacto.

Acusó el golpe en el primer momento, pero después se rió de él como quien se ríe de un abuelo anticuado que no sale nunca de casa. Y lo hizo sentir de la misma extraña manera. Pero al final, como siempre ocurría, aquella carita de angel risueño vencía cualquier tipo de reserva y se decía una vez más que ella era verdadera, pura, única, irrepetible. Y por esa razón, tenía derecho, por mucho que doliera.

Un día llamó a su puerta y le dijo, simplemente, "Me voy". Lo miró muy seria, largo rato, como queriendo retener su lastimera imagen, le revolvió el pelo y le dio uno de aquellos "piquitos" que repartía por el mundo tan generosamente.

Al día siguiente, contra todo pronóstico, el sol salió de nuevo y nada se detuvo.


14 de enero de 2013

Gravedad



Pasar desde la altura
ser gaseosos, sublimes
pesar menos que una cucharadita de levante
olvidar cuando el sol ya se fue
y nacer con el día
temprano, pero inocentemente
para nunca sangrar, ni causar daño.

Vivir como el vapor
poco, pero tan limpio...

Será la gravedad la culpable de todo
y no hay dios que nos libre...

... de caminar en tierra.

16 de diciembre de 2012

Golondrinas



Quizás seas como una golondrina, alguien verdaderamente capaz de estar ausente y utilizar la ausencia como un paraguas o una de esas prendas que se llevan encima de los hombros, algo insignificante y entrañable al mismo tiempo. Uno de esos trapitos que se hacen indispensables, como algunas personas.

Tal vez te guste vivir contigo más que con los demás, eso lo entendería. También entendería que te guste el silencio, la tranquilidad, el simple hecho de que no pase nada, que todo esté "bien", en su sitio, confortablemente detenido. El tiempo también, parado como un árbol, como alguien que espera su comida y entretiene la vida con pensamientos nimios, inútiles, con imágenes que vienen a la cabeza desde los minutos que han pasado pero aún se resisten a morir.

Ni siquiera llego a imaginar como eres por dentro y eso se me hace extraño, es una imposibilidad casi física. No llego a ti por la misma razón por la que no puedo trepar por las paredes. Pero tu gravedad es más honda, más inalcanzable. Quizás sólo me haya sido concedido el privilegio de observarte a distancia, de saberme muy bien tus alrededores y hasta tus proximidades. Pero el interior me está vedado. Veo el cerrojo echado en tus ojos negros y desafiantes. Y, sencillamente, sé que no podré entrar nunca.

Ese es el verdadero dolor. La incapacidad obvia y evidente de no poder traspasar tus paredes de cal, por mucho que traspase tu boca o tu sexo. Siempre estoy afuera y eso duele. Es lo más parecido al frío glacial del invierno de un vagabundo que no puede calentarse ni con una mirada amable. El frío como un pellejo inapelable y burlón, cínico, cortante, inmisericorde, omnipresente.

Y no puedo aprender a soñar el calor de tu entraña a fuerza de imaginarte como no eres, porque eso es negar el único rescoldo de esperanza. No sé aprenderte. Me pierdo en los caminos, tanto más cuanto más alto está el lugar en que te yergues, tan cerca y tan lejana, tan bella y tan de nadie, una isla con un sólido abismo alrededor que se ha tragado el agua que servía de puente.

Hay una luz de acero en estas mañanas frías de nubes como velos y vientos como dagas. Un peso en la esperanza que no llega a nacer. Un rumor de presagios de un mundo irreal, inventado, un simple producto de la necesidad, hija de la miseria. Quién sabe siquiera si es una necesidad o un espejismo... 

Sea. Seguiré aprendiéndome los montes. Todos los montes, con sus cuestas, sus matas, sus caminos, sus brisas melancólicas y sus soles ardientes, sus piedras tan gastadas, sus huellas tan perdidas, su amor de cosa grande, su aliento gigantesco, su rumor de tormenta...

Y al volver a casa, miraré de nuevo los cables del teléfono donde anidas un año tras otro, sobre los mármoles gastados del portal. El día menos pensado, volverás. O volveré a soñarte, que es lo mismo.

25 de noviembre de 2012

Cataluña y el infantilismo del nacionalismo español




Uno no puede dejar de abrir la boca, porque apenas muere la última sorpresa cuando ya otra está al acecho. Recuerdo haber visto alguna de las últimas entrevistas que se han hecho a Artur Mas y me niego a pensar que tanto peperos como sociatas no estén al tanto de la cuestión. Así que no puedo menos de maravillarme ante el sorprendente diagnostico que hacen unos y otros sobre la eventual secesión de Cataluña.

Es inviable, dice el notario, si bien éste lo dice para tranquilizar a su parroquia. Tranquis que yo me encargo, dice Rajoy. No es viable, dice el supuestamente agudo Rubalcaba, y aquí es donde uno ya no sabe qué pensar de estos sociatas, cada vez más a la deriva. Ahora hablan de federelismo y uno se echa a temblar cuando lo concretan: como el americano o el alemán. Bravo, se ve que os lo habéis pensado bien, chavales.

No recuerdo haber oído decir al Sr. Mas que vaya a suspender los contactos comerciales con una España eventualmente "extranjera". Es más, ha dicho justamente lo contrario, porque no es tonto y sabe lo que le conviene. De manera que no se explica uno de donde sale la supuesta inviabilidad. A menos que sociatas y peperos hayan optado por ser ellos quienes suspendan esas relaciones. Es muy creíble, me temo. Resulta bien probable que nuestros patriotas sociatas y nuestros fachuzos peperos hayan optado por la salida típica del maltratador. Ya que te largas, te espero en la calle. Y por supuesto, no te venderé ni un huevo, hasta ahí podíamos llegar.

Si se analiza la cosa en los medios de comunicación, aún la deriva resulta más grave. En este caso fallan hasta las matemáticas. CiU no tendría la mayoría absoluta, espetan, sin más preámbulos, todos contentos ellos. Después uno mira el gráfico del País, por ejemplo, y observa que CiU más ERC suman unos 80 escaños que supondrían ya, de facto, una mayoría cualificada. Eso sin contar los 2 probables escaños de CUP y los 10 de ICV que se ha mostrado dispuesta a respetar la voluntad de los catalanes. Los escaños de PP y PSOE no irían mucho más allá de los 40 y Ciutatáns, (esos que han inclinado la testuz ante los obispos de tan vegonzosa manera), no pasaría de 6. Así que, o las matemáticas fallan, o esa mayoría está garantizada a menos que se confirme una gran sorpresa y todos los sondeos fracasen estrepitosamente.

Todo parece indicar que la vieja España (la pepera y la sociata) confunde sus deseos con la realidad.

Uno se pregunta entonces si estos psocialistas serían capaces de situarse al lado del PP de Wert, Mato, Báñez y Gallardón, verdadera brigada de demolición, que diría Beiras, de la España del bienestar. ¿Podría el PSC apoyar el vandalismo pepero sin más graves consecuencias de las que ya tiene que afrontar? Puede, pero al día siguiente no habría que celebrar alguna reunión urgente. Al día siguiente habría un funeral de córpore in sepulto y no lo ve quien no quiere verlo.

A los fachuzos les crecen los enanos, y no es porque sean más o menos fachuzos. Es porque, además, hay que decirlo de una puta vez, son una pandilla de ineptos. Hasta Monago o Feijoo les enmiendan la plana a sus correligionarios. El uno para no cabrear más al funcionariado y el otro para intentar meter en vereda a Gallardón, el niño pijo metido a gobernante, a quien en las últimas horas algún alto dirigente de la justicia ha llamado directamente chapucero.

¿Cómo se puede esperar que gestione un país alguien que no sabe gestionar un macroconcierto? Y no es que haya habido mamoneo con las entradas o los permisos, que es marca de la casa. Es que han muerto cuatro personas y ahora se rifan el marrón, a ver quien se escabulle antes y si te he visto, no me acuerdo.

Por si fuera poco, de las alcantarillas del estado salen las hordas franquistas campando a sus anchas sin el más mínimo recato, y el sedicioso Tejero acusa a Mas de eso. De sedicioso, tiene tela la cosa. Y sus peperas señorías no tienen el más mínimo inconveniente en ceder un centro público a quienes pretenden homenajear a Francisco Franco. Que era un dictador asesino, a ver si lo recordamos todos, peques. No un tipo autoritario como Botín o Bertín Osborne. Un fascista sanguinario que ahogó en sangre a vascos, catalanes, gallegos, andaluces y castellanos, hasta que ya se cansó de la matanza y salió al balcón como cansado, acompañado del patético monarca, como diciendo, ahí os dejo a este mamoncete que yo ya he hecho lo suficiente, y vosotros veréis. El mamoncete ha reivindicado su papel en la dictadura como si tal cosa y aquí el Supremo no ha dicho ni pío. Casualidad.

El diagnóstico de todo esto lo ha realizado no hace mucho Laura Mintequi, una señora que me cae genial, porque aparte de todo, jamás se ha manchado las manos con la violencia de etarras o fachuzos. España se hunde. Lo ha dicho clarito y pocos se han molestado en contradecirla. Algunos han pensado que la afirmación tiene sólo un tinte económico. Me da que no sólo. Toda la ideología que sustentaba al régimen post-franquista (parece que veo a González revolverse en la silla..) se viene abajo.

La gran mentira de la Transición de los Fraga, González, Carrillo, Suárez, etc, se cae como un castillo de naipes. Y lo que más sufre con la caída es la idea de España que latía y late en todos ellos. Una España básicamente igual a la de hace un par de siglos, que es todo lo que dura su historia real por mucho que se empeñe Menéndez Pidal en lo contrario. Ignorante, intolerante, arzobispal y profundamente orgullosa de sus propias lacras. Resquiscat in pace. Servidor pasa mucho de ir al funeral.

23 de septiembre de 2012

Intrascendente


Prefería llevarse el café a la mesa. Dejar claro con ese simple gesto, que un camarero no es un tipo que nació para servirte, sino que le tocó esa labor y punto. Alguien le tocó el hombro con una mano grande y compañera y él sólo sonrió. Dejó pasar a un par de señoras con pintas de turista y se instaló en la mesita redonda, blanca, diminuta, que siempre había estado afuera, junto a la entrada, con el café en la mano y la mirada llena del mundo insignificante y ruidoso del tráfico.

Cruzó las piernas y observó. Una mujer sacudía la alfombra contra la fachada con energía, con el pelo oculto tras un pañuelo de tonos claros y alguna flor rosada. Líbano era su país y su nombre Yamal. Había aprendido sus primeras palabras en gallego nada más atravesar la puerta de la panadería donde algunos la miraban con curiosidad y otros con desapego. Levantó la mano desde la distancia y ella sonrío y se recogió.

Alguien hurgó en el bolsillo de su camisa y extrajo el encendedor sin pedir permiso. Ni siquiera tenía que mirar para saber y aquello le producía una sensación de comodidad difícil de explicar. El tipo, grande y familiar, le preguntó por cierto resultado de la liga de fútbol. Mintió cuando dijo que no sabía. Le disgustaban aquellas preocupaciones frívolas e inexplicables de la gente que apuradamente llegaba a fin de mes, pero se reprimía a la hora de manifestar su disgusto. Bastante tenían ya.

Se reprimió cuando la hija de Sara lo saludó desde la otra acera. Las formas de aquella casi mujer parecían esclavizar la mirada, pero el casi le causaba una cierta vergüenza que casi agradecía. No era el caso de su madre, bien entrada en la cuarentena, a la que miraba con el descaro propio de su misma condición de adulto curado de espantos. Ella hizo un comentario y él asintio con la sonrisa mientras admiraba su gesto altivo y su melena al viento. Los recuerdos le hicieron nacer una chispita de melancolía en los ojos negros. Paró el coche que traía los periódicos abruptamente, a escasos metros de la mesa, y de allí bajó un tipo desconocido con cara de urgencia. La de gente que pasaba por aquel coche...

El café estaba calentito y sabía a ternura de mañana primaveral. Como si el sol fuera una amante acaso lejana pero siempre presente. Rastreó en el bolsillo de la camisa y extrajo una de aquellos cigarrillos oscuros. Pasó un hombre con la sonrisa perdida para siempre y detrás un crío que esclavizaba sin piedad una tabla de "skate" produciendo un ruido nada amable. El mundo es así, se dijo. Amargo e inconsciente a veces. Alegre otras, tentador, desafiante siempre. Una asignatura que no se aprueba jamás.

Se sentó Daniel a su lado, con su humanidad tibio y su voz grande y honda como un pozo.

- Vaia cariña de sono !!

Su risa era como una bienvenida a una playa pequeña y recogida. La que recordaba de su niñez en As Travesas, cuando aún se podía salir de casa y oler el mar, con sus maneras bravas y su sabor a vida.

- Aínda non viches a túa, castrón...

Y dejó de pensar, dispuesta a que la vida fuera sólo la charla intrascendente, pero amiga, de dos que se conocen desde antes de nacer, que es mucho tiempo.

16 de marzo de 2012

Recortes


¿Cuánto valen estas tonterías?


 ¿Y estas?



Al final habrá cortes en lugar de recortes. Justo a esa cierta altura. Y es que no escarmentáis, cojones...